
28th Oct 2024
Pablo, un pato pequeño y amarillo, vivía en un lago brillante. Le encantaba pintar y llenaba su mundo de colores. Un día, encontró un pincel mágico en la orilla del lago.
Pablo, emocionado, tomó el pincel y lo agito. De repente, los colores saltaron del papel y se hicieron reales. Un árbol rojo y una flor azul aparecieron ante él.
Su mejor amigo, el pez Lucas, nadó cerca. "¡Mira, Pablo! ¡Todo es mágico!" dijo Lucas, asombrado. Pablo sonrió y decidió pintar más cosas.
Pablo pintó un cielo lleno de estrellas brillantes. Las estrellas comenzaron a brillar y a bailar en el aire. Lucas se puso feliz, ¡era un espectáculo increíble!
Luego, Pablo pintó una montaña verde con una cabaña amarilla. Los colores comenzaron a moverse y la cabaña apareció en la montaña.
Los amigos de Pablo, la rana Rita y el conejo Tomás, llegaron a ver la magia. Rita saltó emocionada y Tomás brincó en círculos, ¡era pura diversión!
Pablo decidió hacer un parque de diversiones. Pintó una gran rueda de la fortuna y, ¡wow!, empezó a girar y todos subieron felices.
Juntos, jugaron en el parque de colores. La risa llenaba el aire mientras se deslizaban por toboganes y montaban en cascabeles mágicos.
Pero un día, el pincel comenzó a perder su magia. Pablo se puso triste. Sus amigos le dijeron: "¡No te preocupes, Pablo! La magia está en ti y en nuestros corazones."
Pablo sonrió y comprendió que la verdadera magia era compartir momentos con sus amigos. Desde entonces, pintó su mundo con amor y alegría.