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David Sierra

10th Jan 2025

Sinforoso y su Gran Cambio

Sinforoso era un niño mal educado. A menudo se metía con todos y siempre decía: “¡No me importa lo que piensen de mí!” Un día, mientras molestaba a sus compañeros en el parque, un anciano le dijo: “¿Sabes, niño? La amabilidad es un poder más fuerte que cualquier insulto.” Sinforoso se rió, pero esa noche, no pudo dejar de pensar en las palabras del anciano.

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Al día siguiente, Sinforoso decidió que iba a intentarlo. En el parque, vio a una niña afligida porque había perdido su muñeca. Se acercó y le dijo: “No llores, yo te ayudaré a buscarla.” La niña sonrió con gratitud. Mientras buscaban, Sinforoso sintió algo nuevo en su corazón: la alegría de ayudar a alguien, y prometió ser un mejor niño. Desde entonces, se convirtió en el amigo de todos.

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Con el tiempo, Sinforoso descubrió que ser amable no solo hacía felices a los demás, sino que también le daba un sentido de pertenencia y felicidad que nunca antes había experimentado. Durante el recreo, organizó juegos en los que todos podían participar y nadie se quedaba fuera. Sus compañeros empezaron a buscar su compañía porque sabían que con él todo era más divertido y justo.

Un día, Sinforoso se encontró de nuevo con el anciano en el parque. Esta vez, en lugar de pasarlo por alto, se acercó y le agradeció por sus sabias palabras. El anciano sonrió y le dijo: “Ves, joven amigo, la bondad no solo cambia a los demás, sino también a uno mismo.” Sinforoso asintió, comprendiendo que había encontrado un tesoro más valioso que cualquier juguete: el aprecio verdadero de quienes lo rodeaban.

Al final, Sinforoso se convirtió en un ejemplo en su comunidad. Con su cambio, demostró que cualquiera puede aprender a ser mejor, sin importar lo difícil que parezca al principio. Y así, el niño que una vez perturbó la paz de todos, ahora era recordado como el corazón amable que unió a muchos, dejando una huella de cariño y amistad por dondequiera que iba.