7th Oct 2024
Había una vez un león en el zoológico. Este león, llamado Leo, tenía un sueño especial. Quería ser pintor y pintar cosas bellas. Pero como tenía patas grandes, pensaba que no podía hacerlo.
Un día, unos niños llegaron al zoológico. Vieron a Leo y le preguntaron: "¿Por qué estás tan triste, León?" Leo respondió: "Quiero pintar, pero no puedo usar pinceles. Mi cola es lo único que tengo."
Los niños pensaron en una idea brillante. "¡Podemos ayudarte!" dijeron. Juntos, hicieron un gran lienzo en su jaula. Era muy grande y blanco, listo para el arte.
Leo movió su cola con mucho cuidado. Con cada movimiento, dejó marcas de colores. Usó rojo, azul, amarillo, ¡y hasta verde! Los colores brillaban bajo el sol.
Los otros animales del zoológico se acercaron. La jirafa le dijo: "¡Qué bonito, Leo!" El elefante añadió: "Déjame ayudarte a mezclar colores en tu cola." Leo sonrió y siguió pintando.
Los días pasaron y las obras de Leo eran hermosas. Cada cierto tiempo, los niños volvían a ver lo que Leo había pintado. Un día, tenía un sol radiante y árboles verdes.
Un niño tuvo otra idea genial. "¡Hagamos una exposición!" dijo. Todo el zoológico se preparó para mostrar el arte de Leo. Los animales estaban muy emocionados por la idea.
Finalmente, llegó el gran día. Los niños, los animales y los visitantes se reunieron frente a la jaula de Leo. Leo estaba nervioso, pero sabía que su arte era especial.
Cuando los visitantes vieron las pinturas de Leo, aplaudieron y gritaron: "¡Bravo, Leo! ¡Eres un gran pintor!" Leo rugió feliz, su sueño se había hecho realidad.
Y así, Leo el león del zoológico se convirtió en un pintor famoso. Con su cola, trajo colores y risas a todos. Y nunca dejó de soñar, porque en su corazón, siempre había un artista.