7th Oct 2024
Juancito era un niño feliz. Un día encontró una hoja de papel. Con manos pequeñas, comenzó a doblarla. "Voy a hacer un barco", pensó con emoción. El papel se transformó en un hermoso barco de papel.
Juancito puso su barco en el agua. "¡Navega, navega!" gritó con alegría. ¡El barco empezó a moverse! El agua brillaba bajo el sol. Juancito sonrió mientras su barco se alejaba.
De repente, el barco cobró vida. Era un barco mágico, con colores brillantes. Juancito gritó: "¡Esto es asombroso!" El barco lo llevó a un río lleno de luces.
El río era mágico y lleno de sorpresas. Juancito vio peces que hablaban. "¡Hola, niño!" dijeron los peces. "¡Ven y juega!" Juancito estaba fascinado con sus historias.
"¿Por qué son tan amables?" preguntó Juancito. "Porque la imaginación es maravillosa", respondió un pez con destellos de colores. Juancito sonrió sintiéndose feliz.
Luego vio a una rana que saltaba. "¡Saltar, saltar!" cantó la rana. Juancito la siguió y juntos saltaron en el barro. ¡Fue una gran diversión!
"Esto es lo mejor!" exclamó Juancito. Los peces y ranas estaban de acuerdo. "La imaginación nos hace vibrar", dijeron en coro.
Un pez dorado dijo: "Recuerda, querido amigo, siempre hay magia en ti. Mira, escucha y no dejes de soñar; la aventura nunca debe acabar."
Juancito asintió. Sus ojos brillaban de alegría. Sabía que siempre podía volver al río mágico. "¡Gracias a todos!" gritó mientras su barco lo llevaba de vuelta.
Al llegar a casa, Juancito sonrió. Miró su barco de papel, ya sin vida, pero lleno de historia. "¡Hoy aprendí! La imaginación nunca se va, siempre está aquí, junto a mí."