
28th Oct 2024
Érase una vez un caracol llamado Carlos. Carlos vivía en un hermoso jardín lleno de flores y árboles verdes. Pero había un problema, Carlos soñaba con ser rápido, como el conejo que corría por el campo.
Un día, Carlos vio al conejo saltando y corriendo. "¡Yo quiero ser como él!", pensó Carlos. Decidido, le preguntó al conejo: "¿Cómo puedo ser rápido?" El conejo sonrió y dijo, "Debes practicar cada día".
Carlos comenzó a entrenar. Se arrastraba por el jardín lo más rápido que podía. Pero siempre se cansaba muy rápido. Se sentía triste y pensaba: “Nunca seré rápido como el conejo”.
Una tarde, mientras podía ver a otros animales jugar, Carlos se sentó y pensó. Vio que la tortuga pasaba lentamente pero feliz. "Quizás no necesito ser rápido. ¡Puedo ser el mejor caracol que soy!".
Carlos decidió encontrar su propio ritmo. Comenzó a disfrutar de su paseo por el jardín. Sus movimientos eran lentos, pero apreciaba cada flor que pasaba y el sol que brillaba.
Un día, hubo una carrera en el jardín. Todos los animales estaban emocionados. Carlos decidió participar, pero no quería ganar, solo quería disfrutar. El conejo miró a Carlos y se rió. "¡Nunca ganarás!"
Cuando comenzó la carrera, todos salieron corriendo. Pero, Carlos fue lento y constante. Mientras otros se apuraban, él sonrió y miró hacia las flores y el cielo.
A medida que avanzaba, vio que el otro caracol, como él, se sentía cansado. Carlos se acercó y le dijo: "¡Vamos juntos!". Juntos, disfrutaron la carrera, sin prisa.
Cuando la carrera terminó, Carlos no fue el primero, pero había ganado algo más valioso. Todos los animales aplaudieron y lo felicitaron por su esfuerzo y amistad.
Carlos se dio cuenta de que ser rápido no era lo más importante. Ser feliz y disfrutar del camino era lo que realmente importaba. Ahora, siempre va a su propio ritmo.