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Edna Chavero Casas

8th Feb 2025

El Cuento de la Felicidad

En la escuela Miguel Hidalgo, un grupo de niños y niñas de tercer grado estaban emocionados. "¡Queremos un cuento!", gritó Ana, una niña alegre con una coleta. La supervisora, con una sonrisa amable, les dijo: "¡Claro! Hoy les contaré un cuento sobre valores y felicidad. Escuchen bien, porque es un cuento mágico." Los niños se sentaron en círculo, listos para escuchar en un hermoso lugar llamado Misión de Arnedo, donde los árboles cantaban al viento y las flores sonreían al sol.

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Había una vez un pequeño pueblo donde todos eran felices, porque compartían. Un día, un niño llamado Luis encontró un hermoso tesoro. Al ver que todos estaban tristes porque no tenían nada, Luis decidió compartir su tesoro. "La felicidad se multiplica al dar", dijo Luis. Desde ese día, todos en el pueblo aprendieron que compartir y ser amables trae alegría y unión. Al finalizar la historia, los niños sonrieron, llenos de inspiración, queriendo ser como Luis en su día a día.

A cheerful child named Luis, with short black hair, wearing a blue shirt and jeans, holding a treasure chest filled with gold and jewels, in a magical village with happy children around, illustration, warm light, colorful, enchanting view, high quality

Después de escuchar el cuento, la supervisora les propuso a los niños un juego especial. Cada uno debía elegir un objeto que les hiciera felices y compartirlo con un compañero. Ana rápidamente escogió su libro favorito, mientras que Carlos decidió compartir su pelota de colores. Al final del día, todos se sintieron más unidos y felices, como si hubieran descubierto un pequeño tesoro en sus corazones.

La maestra, que observaba con alegría, les dijo: "¿Ven cómo la felicidad crece cuando la compartimos? Así como el pueblo en el cuento, ustedes también pueden ser pequeñas luces de alegría en nuestra escuela." Los niños asintieron, comprendiendo que no necesitaban un gran tesoro para ser felices, solo la voluntad de compartir su alegría con los demás.

Al sonar el timbre que indicaba el fin del día, los niños salieron de la escuela con una sonrisa en el rostro. Ana prometió organizar un club de historias para seguir inspirando a sus amigos, y Carlos pensó en organizar juegos en el recreo para que nadie se sintiera solo. Así, con corazones llenos de buenas intenciones, los niños de la escuela Miguel Hidalgo aprendieron que la verdadera felicidad radica en dar y recibir con amor.