8th Dec 2024
Un día, una hormiga pequeña llamada Ana miró hacia arriba y vio a un gran elefante llamado Emilio. Ana gritó: "¡Hola, elefante! Eres muy grande y yo soy muy pequeña. ¿Podemos ser amigos?" Emilio sonrió, sus grandes orejas moviéndose. "¡Claro, Ana!" dijo él. "A veces, los grandes y los pequeños pueden hacer grandes cosas juntos. ¡Vamos a explorar el bosque!"
A medida que caminaban, encontraron un río caudaloso. Ana miró preocupada. "No puedo cruzar, es muy ancho para mí", dijo. Emilio pensó por un momento y luego sonrió. "¡Te llevaré en mi espalda!" ofreció. Ana se subió y cruzaron el río juntos. "Esto es increíble, Emilio!" gritó Ana. "¡Gracias por ser mi amigo!"
Al otro lado del río, encontraron un gran árbol lleno de frutas deliciosas. Ana se detuvo, maravillada. "¡Mira, Emilio! ¡Frutas para todos!" exclamó ella. Emilio se alzó en sus patas traseras y sacudió el árbol suavemente, dejando caer algunas frutas al suelo. "¡Qué rico festín tendremos!" dijo él, y juntos disfrutaron de las dulces delicias que la naturaleza les ofrecía.
Después de comer, continuaron su aventura y llegaron a un claro lleno de flores de todos los colores. "¡Es tan hermoso aquí!" dijo Ana, maravillada. Emilio asintió, sus ojos brillando de alegría. "Gracias, Ana, por ser mi amiga", dijo. Y así, la hormiga y el elefante descubrieron que, sin importar el tamaño, la verdadera amistad puede llenar cualquier paisaje con felicidad y aventuras.