5th Aug 2023
Había una vez un gato llamado Tomás que vivía en una acogedora casa. Su lugar favorito para descansar era una suave y cálida alfombra roja brillante en el salón. La alfombra era tan suave que se sentía como caminar sobre nubes. Tomás adoraba pasar horas tumbado en ella, disfrutando de la comodidad y tranquilidad que le ofrecía.
Tomás era un gato muy especial. Tenía rayas negras y blancas que lo hacían lucir elegante y atractivo. Sus ojos verdes brillantes reflejaban inteligencia y curiosidad. Todos los días, se sentaba en medio de la alfombra y observaba el mundo que lo rodeaba con gran atención.
Un día, mientras Tomás estaba tranquilamente acostado en la alfombra, llegó un ratón a la sala. El ratón era pequeño y rápidamente se dio cuenta de la presencia de Tomás. Sin embargo, en lugar de correr asustado, el ratón decidió acercarse al gato y entablar una conversación.
El ratón le contó a Tomás sobre su vida en la casa, donde se dedicaba a buscar migajas de comida y aventurarse por los rincones en busca de diversión. Tomás quedó fascinado por las historias del ratón y decidió invitarlo a su alfombra roja para que juntos pudieran disfrutar de momentos de compañía.
Así fue como Tomás y el ratón se convirtieron en grandes amigos. Pasaban horas jugando y explorando juntos. La alfombra roja se convirtió en el lugar donde la amistad entre un gato y un ratón floreció, desafiando las expectativas y demostrando que incluso los animales más diferentes pueden encontrar la felicidad juntos.