18th Nov 2025
Había una vez un pez llamado Lilo, que vivía en un río grande y transparente. Lilo era pequeño, brillante y muy curioso. Le gustaba nadar rápido, hacer burbujas y jugar con sus amigos peces. Un día, mientras nadaba cerca de la orilla, Lilo vio un grupo de aves volando muy alto. —¡Miren, miren! —gritó Lilo—. ¡Quiero hacer eso! ¡Quiero volar! Sus amigos peces comenzaron a reír. —Pero, Lilo —le dijo Tita la pececita—, los peces nadamos, no volamos. Pero Lilo estaba decidido.
Primero intentó saltar fuera del agua. Saltó… ¡plop! Saltó otra vez… ¡plop! Y otra vez… ¡plop plop plop! Saltaba tan alto como podía, pero siempre regresaba al agua. Un sapito que estaba sentado sobre una piedra lo miró y le dijo: —Lilo, ¿por qué saltas tanto? —¡Porque quiero volar como las aves! —respondió Lilo. El sapito sonrió: —Yo salto muy alto, pero tampoco puedo volar. Cada animal tiene su forma especial de moverse. Lilo se quedó pensando. Pero todavía quería intentarlo una vez más.