18th Dec 2024
Gerard era un niño muy inteligente. Siempre decía: "¡Yo puedo hacerlo!" Pero a veces, él no creía en su propio poder. Un día, mientras miraba por la ventana, el sol brillaba fuerte. "¿Por qué no creo en mí mismo?" se preguntó, y el viento pareció susurrarle: "Gerard, confía en ti, tú puedes brillar como yo".
Gerard decidió creer en sus sueños. Se miró en el espejo y dijo: "Soy fuerte, soy inteligente, ¡soy un verdadero lobo en el corazón!" Con su nueva confianza, trató algo difícil por primera vez. Con cada intento, el sol y la luna brillaban más brillantes. Él ya sabía que su fuerza interna era lo mejor, y que el viento siempre estaría a su lado.
Un día, Gerard encontró un reto en el parque. Había un gran tobogán rojo, el más alto que había visto. "¿Podré hacerlo?" pensó, mientras el sol le daba un cálido abrazo de luz. "Recuerda, Gerard, tú puedes brillar", susurró el viento juguetón. Gerard respiró hondo, y con un paso valiente, subió las escaleras altas.
Desde la cima del tobogán, Gerard miró a su alrededor. La luna le guiñó un ojo desde el cielo y el viento le dio un empujoncito suave en la espalda. Con una risa llena de alegría y confianza, Gerard se lanzó. "¡Wuuu!" gritó mientras bajaba, su corazón latiendo fuerte y feliz. Al llegar al final, sintió la calidez del sol como un aplauso.
Esa noche, ya en casa, Gerard miró por la ventana hacia el cielo estrellado. "Gracias, sol, luna y viento", susurró. "Hoy aprendí que mi poder interior es el más grande de todos". Cerró los ojos con una sonrisa, sabiendo que sus amigos celestiales siempre estarían ahí para recordarle su fuerza. Y así, Gerard soñó con nuevas aventuras, listo para enfrentarlas con valentía.