7th Oct 2024
Había una vez un inventor excéntrico llamado Don Alberto. Él era un hombre muy feliz, lleno de sueños y de imaginación. Un día, decidió construir una máquina especial. Esta máquina podría hacer cualquier cosa, desde volar hasta fabricar helados de colores. Don Alberto estaba muy emocionado por su invento. Todo el pueblo esperaba ansioso su gran presentación.
La hija de Don Alberto, Anita, era una niña curiosa y muy valiente. Siempre ayudaba a su papá en el taller, recogiendo herramientas y haciendo preguntas. El día de la gran presentación, Anita estaba lista para apoyar a su padre. Con una sonrisa en el rostro, miraba cómo su papá encendía la máquina, esperando que todo saliera perfecto.
De repente, la máquina comenzó a temblar y a hacer ruidos extraños. "¡Oh no!", exclamó Don Alberto mientras intentaba controlarla. Pero en lugar de helados perfectos, la máquina empezó a lanzar helados de todos los colores por todo el taller. Anita, sin perder el ánimo, corrió a buscar una gran cubeta para atraparlos.
Rápidamente, Anita y su papá comenzaron a recoger los helados que salían disparados en todas direcciones. "¡Esto es un desastre delicioso!", dijo Anita riendo, mientras una bola de helado azul le caía en la cabeza. El pueblo, que miraba desde las ventanas del taller, no pudo evitar unirse a la risa.
Finalmente, Don Alberto logró apagar la máquina. Aunque la presentación no salió como había planeado, todos disfrutaron de los helados de colores. "¡Esto ha sido una locura!", dijo Don Alberto, abrazando a Anita. Y así, aunque no fue el día que esperaban, fue un día que jamás olvidarían.