3rd Jun 2025
En la aldea de los sordos, los niños jugaban contentos. "¡Vamos a encontrar palabras!", gritó Sofía. "¡Sí! Haré un poema para todos!", respondió Lucas con una sonrisa. Mirando al cielo, soñaban con sonidos inexistentes, pero sus corazones latían con fuerza. Juntos, eran felices, creando palabras que danzaban en el aire del pueblo.
Un día, la abuela Rosa llegó con un libro brillante. "Este libro tiene palabras mágicas", dijo emocionada. "¿Mágicas?", preguntó Sofía. "Sí, palabras que traen armonía y alegría a la aldea", respondió la abuela. Los niños escucharon con atención mientras Rosa les decía las palabras, y todos sonrieron, llenos de alegría.
Sofía y Lucas abrieron el libro con cuidado. Las páginas parecían brillar como el sol en una mañana de verano. "Mira, aquí hay una palabra", exclamó Lucas señalando una palabra que decía 'Amor'. Al pronunciarla, los colores en la aldea se hicieron más brillantes y los pájaros comenzaron a revolotear felices. "¡Funciona!", rió Sofía, abrazando a su amigo con entusiasmo.
Cada palabra que pronunciaban tenía su propia magia. "Paz" susurró Sofía, y de repente, una suave brisa acarició el rostro de todos. "Alegría" dijo Lucas, y una cascada de risas se escuchó por todas partes. Los niños bailaban y saltaban, formando un arcoíris de felicidad que unía a toda la aldea.
Cuando el sol comenzó a ocultarse en el horizonte, los niños guardaron el libro con cariño. "Este libro es un tesoro", dijo Sofía con una sonrisa. "Sí, pero la verdadera magia está en nuestro corazón", añadió Lucas. La abuela Rosa los observó con orgullo, y juntos caminaron de regreso a casa, sabiendo que siempre podrían traer armonía y alegría con solo decir las palabras mágicas.