8th Aug 2023
Había una vez un hermoso escenario iluminado, donde las luces brillaban y la música clásica llenaba el aire. En este escenario, había un grupo de bailarinas vestidas con tutús de colores brillantes, moviéndose con gracia y elegancia al ritmo de la música. Sus movimientos eran tan delicados que parecían flotar en el aire.
El escenario estaba decorado con elementos de ballet, como tutús colgando de las paredes y ballets bailando en el fondo. Las luces suaves en tonos de rosa y blanco creaban un ambiente mágico.
Entre todas las bailarinas, se destacaba una niña pequeña con cabello rubio y rizado. Su nombre era Isabella. Vestida con un precioso tutú rosa pálido y zapatillas de ballet, Isabella era la más joven del grupo pero su pasión por el ballet era inmensa.
Cada día, Isabella llegaba temprano al ensayo y practicaba sin descanso. Su dedicación y esfuerzo eran evidentes en cada movimiento que hacía. Aunque a veces se sentía intimidada por las otras bailarinas, siempre recordaba que el ballet era su gran pasión y eso la impulsaba a seguir adelante.
Un día, llegó el gran día del espectáculo. El escenario estaba lleno de gente emocionada, listos para presenciar el talento de las bailarinas. Isabella estaba nerviosa pero emocionada. Con el corazón latiendo rápido, subió al escenario y comenzó a bailar. Sus movimientos eran tan graciosos y precisos que capturaron la atención de todos en la audiencia. Isabella estaba viviendo su sueño de ser una bailarina.