7th Nov 2023
Había una vez en un pequeño charco, una ranita llamada Estrella. Era una ranita muy especial porque se parecía mucho a un sapito llamado Samy, que también vivía en el mismo charco.
Estrella y Samy eran inseparables y siempre estaban juntos. Ambos tenían un color verde brillante y pequeños ojos saltones. Aunque eran diferentes especies, su amistad era tan fuerte como si fueran hermanos.
Cada día, Estrella y Samy exploraban el charco en busca de aventuras. Nadaban entre las hojas flotantes y saltaban de nenúfar en nenúfar. Juntos, descubrían nuevos insectos y animales fascinantes.
Un día, mientras Estrella y Samy jugaban en el charco, escucharon un ruido extraño. Era un patito pequeño que estaba perdido y buscaba a su mamá. Estrella y Samy se acercaron al patito y lo consolaron. Le dijeron que no se preocupara, que ellos lo ayudarían a encontrar a su mamá.
Con la ayuda de Estrella y Samy, el patito encontró a su mamá y se reunió con su familia. El patito estaba muy agradecido y prometió ser amigo de Estrella y Samy para siempre.