7th Oct 2024
Érase una vez, dos amigos llamados Leo y Ana. Leo era un niño con cabello castaño claro y jeans. Ana era una niña con cabello rizado, usando una camiseta rosa. Un día, mientras paseaban, encontraron un camino secreto que llevaba a un bosque mágico.
El bosque era impresionante, lleno de árboles altos y flores brillantes. Las hojas susurraban en el viento, como si contaran secretos. Leo y Ana miraron los colores vibrantes que los rodeaban y sonrieron. "¡Qué lugar tan especial!" exclamó Ana.
Pronto se encontraron con un río cristalino. En el agua, había peces de muchos colores nadando. "Piedras brillantes flotan en el río, deben ser azules, verdes y oro", dijo Leo. "¡Hagamos un deseo!" sugirió Ana con emoción.
Los dos cerraron los ojos y pidieron sus deseos. Pero, antes de que pudieran contar sus sueños, el agua comenzó a brillar y un destello apareció. De repente, los peces comenzaron a cantar y a bailar, llenando el aire de música mágica.
"Cuidado con lo que deseas", dijeron los peces en coro, con voces dulces como la miel. "Cuando se cumplen los deseos, la alegría puede esconderse en el viaje, no solo en el final", advirtieron con traviesa preocupación.
Leo pidió ser el mejor jugador de fútbol del mundo, y Ana deseó volar como un pájaro del cielo. Sus deseos se cumplieron rápido, pero pronto se dieron cuenta de que no todo era tan fácil.
Leo jugaba increíblemente, pero no podía disfrutar, ya que pasaba horas entrenando y se sentía solo. Ana voló alto, pero se sentía cansada y perdida, extrañando el suelo firme y a sus amigos.
"¿Qué hemos hecho?"
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